Volar la cometa

Recuerdo que, hace unos años, cuando vivía en la ciudad, decidí comprar una cometa para hacer algo de ejercicio, porque me resultaba monótono salir a correr sin más; pensaba que, con el aliciente de volar la cometa, me obligaría a tener mucho rato los brazos un poco elevados fortaleciendo, así, brazos y torso; además, pensaba echar un esprint ligero hasta la cometa si esta capotaba, practicando, así, la capacidad de reacción entre otras habilidades.

Dicho y hecho. Compré la cometa y, como ya era mayor y me daba vergüenza que me vieran jugar con una cometa como si fuera un niño, salí a las afueras de la ciudad, donde no había nadie, para practicar. Al poco tiempo apareció un coche de gama alta que paró frente a mí a escasos veinte metros. Yo seguí practicando, volando la cometa de un lado para otro, pero pensaba que, con lo grande que es el campo, ¿por qué tenían que parar ese coche tan cerca de mí ocultándose sus ocupantes en el interior? Estuve tentado de acercarme al coche y mirar adentro, ya que de la misma forma que los coches podían circular libremente también podían hacerlo los peatones; pero no lo hice. Seguí jugando con la cometa y, en un momento dado, la hice capotar para practicar, así, el esprint que había pensado previamente; al poco de hacerlo, arrancaron el coche y se fueron por donde habían venido. Entonces pensé: ¿me habrán grabado y difundirán luego el vídeo de un hombre adulto corriendo como un chiquillo tras la cometa?; ¿se me reconocería en el vídeo?; ¿sería gente que me conociera?

Me viene a la cabeza el texto de Julio Cortázar “Instrucciones para subir una escalera”, donde se puede apreciar que

“bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado”;

cosas que no se verían si se subiera de frente.

Digo esto porque ¿qué pasaría si me vieran subir de espaldas las escaleras de mi casa para ver, así, el campito de al lado que subiendo de frente no se ve, para ver el molino y los álamos del cementerio. O, peor aún, ¿qué pasaría si me grabaran subiendo de espaldas las escaleras?, ¿se me reconocería en el vídeo?, ¿lo publicarían?

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