Frontera invisible

Frontera

Hace unos días que crucé una frontera invisible, sin guardias; el paso siempre estuvo abierto; era yo quien nunca quise atravesarla por miedo, comodidad, o porque no sentía que las condiciones fueran favorables. El caso es que conforme voy recorriendo el terreno aparecen sensaciones de incertidumbre y familiaridad, lo primero por lo desconocido del lugar, y lo segundo porque no me he salido del planeta.

La situación es que ya no quiero volver atrás, pues las mañanas son frescas, hay manantiales de agua fría, frutas silvestres y mucha fauna; también suele haber una brisa vespertina que sienta muy bien; y en las noches estrelladas se ve el firmamento en todo su esplendor.

Además, puedo tener un reposo espiritual como nunca lo tuve. Quizá sea por eso por lo que sienta frescas las mañanas, encuentre manantiales, frutas silvestres y fauna, y sienta tan bien la brisa de la tarde y el firmamento de la noche.

Hoy amo la vida, y doy gracias a Dios por el regalo de este presente; y siento que probablemente tenga la oportunidad de cruzar otras fronteras que vayan apareciendo y, así, descubrir otros mundos dentro de mi mundo, disolviendo capas de ignorancia; no obstante, trato de ir paso a paso, disfrutando de cada uno de ellos.

2 comentarios en “Frontera invisible

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