Angostura

cueva Torre Guil0012[1]

Caí por un agujero que me llevó a un lugar sórdido. Al poco tiempo empecé a notar los síntomas: cansancio y pesadez física y mental que fueron paralizándome poco a poco, envenenado por lo ingerido. Mi espíritu sabía que había que esforzarse, pero el influjo de la caída iba apoderándose paulatinamente de mí. Sentí como, al avanzar, la cueva iba estrechándose más y más. Lo que al principio era una gran galería fue convirtiéndose en un pasadizo cada vez más angosto. Ya solo podía arrastrarme, y empecé a pensar que quizá no podría salir; dudaba de que tuviera suficiente espacio para dar la vuelta, y sabía que reculando solo podía retroceder muy poco, demasiado poco. Empecé a prepararme para lo peor, por si acaso: mantener la calma, respiración profunda, y pensamiento positivo, aceptando mi final con arreglo a la dignidad de mi ser. Fue entonces cuando, dentro de la sordidez, entendí que seguir reptando solo me introducía en el fango cada vez más espeso y asqueroso; así que, con las pocas fuerzas que tenía, me aventuré a darme la vuelta, a pesar del riesgo de quedar enclavado. Con mucho esfuerzo lo logré. Mi control mental fue clave para superar los momentos en los que parecía que me había quedado atascado; quizá mi determinación de aceptar mi destino, y de hacer lo que estuviera en mi mano para salir de allí me ayudaron a hacer lo correcto. Había momentos en los que tenía que concentrarme en qué articulación tenía más movilidad por pequeña que esta fuera para ir avanzando milímetro a milímetro con movimientos repetitivos hasta desencajonar una extremidad y hacer hueco para ir pasando el cuerpo; a veces tenía que expulsar todo el aire de los pulmones para que el tórax cupiera, calculando que el tiempo en el que tenía que aguantar la respiración no fuera muy largo para evitar el desmayo; el control del ritmo cardíaco era fundamental para disminuir al máximo el consumo de oxígeno y, así, prolongar el tiempo de apnea.

Ahora, que puedo contarlo, doy gracias a Dios por haberlo superado y me siento relativamente bien; no obstante, todavía no se han eliminado de mi cuerpo todas las toxinas que ingerí en aquella caída, y sé que hay otros agujeros, algunos aparentes y otros no, en los que podría caer. Es el riesgo de estar vivo.

P. D. Lo llevo bastante bien.

Ricla

6 comentarios en “Angostura

  1. Ánimo y a por ello Joaquín, cuando salimos vivos de estos episodios, es como empezar con una vida diferente, con unos valores nuevos y una capacidad de relativizar muy importante… Si lo piensas, es como un regalo, una oportunidad de barrer la casa, quitar los rincones y abrir las ventanas para apreciar nuevos aires y paisajes. Ahora, cuidarse y disfrutar se convierten en sinónimos.
    Un abrazo

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  2. Experiencias como estas hacen que uno se replantee la vida. Es cuando te das cuenta de las cosas que realmente son importantes y ayuda a trivializar el resto.
    Recuerda la experiencia como una vuelta a la vida; sin duda ésta te ha dado una nueva oportunidad (afortunadamente).
    Ánimos. Fuerte abrazo.
    P.D. Yo no sé si hubiese tenido esa sangre fría. Esto pone a prueba de lo que uno es capaz.

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