Proyecto III

telepatía

No teníamos muy claro que pudiéramos divertirnos la misma noche al poco de llegar de viaje. Pese a que la ducha había sido reconfortante, todavía no estábamos totalmente descansados. Lo comentamos sucintamente, y no supimos si el cansancio se debía, además de al viaje, al peso del recuerdo de Sebastián, amén de a la responsabilidad de la investigación. Entendimos que el camino era dar un primer garbeo nocturno; lo sugestivo de ciudad nos atraía mucho más que el descanso en unas camas confortables.

Javier y yo habíamos alcanzado un nivel de comunicación especial. Tantas horas habíamos pasado juntos discutiendo hipótesis, comparando resultados y planteando criterios de investigación, que, para cosas sencillas, nos bastaba una o dos palabras para entendernos; no nos hacía falta las frases para expresar ideas o voluntades. Sin embargo, al poco de llegar a la ciudad, tuve la sensación de poder leer sus pensamientos por telepatía. En el momento en que me di cuenta de que había adquirido esa facultad, fue cuando comprendí que todas dudas que me habían surgido en relación con Javier podían deberse a todo lo nuevo que le veía que hasta entonces me era desconocido, que había aflorado de repente, trastocando el conocimiento que hasta entonces había tenido de él. Siempre le encontraba en él un factor de incertidumbre, algo desconocido, que me impedía tener plena seguridad de su criterio. Eso era algo que, por un lado, me obligaba a ser cauto, pero, por otro lado, me atraía por lo que tenía de puerta abierta a nuevas ideas, a nuevos mundos. Por otra parte, poco tiempo me llevó comprobar que él también podía leer mi pensamiento; fue una sensación de desnudez que me perturbó profundamente, sobre todo porque estaba delante de él en ese momento; sin embargo, la mezcla de gran respeto que vi en él hacia mi persona, junto con los comentarios jocosos con doble lenguaje que me hizo sobre ello, reforzó mi simpatía y amistad. Nunca llegué a saber si Javier empezó a leerme el pensamiento después del viaje, o si podía hacerlo desde antes.

En mi ser bullían las sensaciones, las ideas y las dudas. Veía, por ejemplo, que mi propia incertidumbre era captada por Javier, atrayéndole, con cierta cautela, por lo que representaba de mundo desconocido; igual que me ocurría a mí respecto a él. Comprendí que las interioridades de Javier, que eran similares a las mías, me servían de espejo en el que yo podía mirarme, de la misma forma que él podía verse en mí en otro espejo; de ahí dimanaba el respeto que nos teníamos mutuamente. Por otra parte, su evolución y la mía no llevaban siempre el mismo camino; lo que era la mayor fuente de enriquecimiento para ambos, ya que nos abrían mundos distintos que al compartirlos nos llevaban a un tercero, casi siempre muy superior a los anteriores. Pero, sobre todo, ¡había quedado tan atrás el mundo anterior!, ¡era todo tan nuevo!, ¡nos sentíamos tan diferentes y veíamos todo tan de otra manera!

5 comentarios en “Proyecto III

  1. Es difícil pero lo imposible; a veces se da ese “entenderse sin palabras “, con un cruce de miradas solamente o un movimiento de cabeza.
    Pero cuan lejos estamos , a veces , de esa “comunión “ entre quien está frente a , o junto a nosotros .

    Un saludo, Joaquín . Y gracias por tu visita a mi blog. Aún es muy pequeño. Estoy investigando.

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