Camino equivocado

carretera

Tomar un camino equivocado,

alejarme del destino,

divagar por lo absurdo, sórdido;

atravesar desiertos, encontrarme solo.

 

Olvidar la sensación de tu piel,

la textura de tu cuerpo.

Perderme aún más, inútilmente,

con cada esfuerzo nuevo.

 

En la quietud te recupero,

llevándome mágicamente,

por un camino etéreo, tenue,

fugaz y frio.

 

Y empiezo a recordar desde la lejanía,

tus senos, todo amor,

tu cuerpo transportado, seducido,

tu ser entre dos aguas.

 

Quisiera arrebatar camino al camino.

Pero tú, esquiva,

jugueteas con mi alma, asomándote,

y desapareciendo después.

 

Y me obligas a vencer mi ansiedad,

haciéndome caer, por instantes otra vez,

en lo sórdido, lo absurdo,

en la aridez del secano.

 

No importa, aquí estoy,

esperando la noche estrellada,

el fulgor del firmamento, el infinito,

la inmensidad.

 

Te encontraré, seguro,

tras la cortina, al final del desierto,

en medio de la nada, a la vuelta,

en la insignificancia del momento.

 

Y nuestros corazones llorarán,

bañándonos en elixires,

mágicos, eternos,

mortales.

 

Para despertarnos de la verdad a medias,

del sí pero no,

del quizá, pero dudo,

del pudiere ser.

 

Gracias por estar ahí,

tras la cortina,

al final del desierto, asomada,

en medio de la nada.

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