Ilusiones nuevas

pista, camino

Cuando se disfruta de un tiempo de felicidad y después se desvanece, parece como si el paisaje hubiera perdido su color y todo estuviera en una escala de grises; entonces surgen dudas: ¿merece la pena esforzarse?, ¿qué sentido tiene la vida?, etc.; parece que se ha caído en una depresión, que, aunque no sea grave, trae dosis sutiles de amargura que empujan un poco a un vacío existencial. Yo, a veces, tengo una sensación como si estuviera abandonado en el espacio cósmico, donde las temperaturas son gélidas y las distancias siderales, perdido en una soledad inmensa, dentro de mi burbuja de supervivencia.

Entonces, debido a mi forma de ser que he forjado en parte con mi voluntad, afronto dicha situación con el mayor rigor que soy capaz, aceptando con valentía las conclusiones que puedan derivarse. No trato de engañarme sugestionándome con ideas que me resulten artificiales, sino que miro a la vida directamente a los ojos, y, con el debido respeto, pero con toda verdad de mi ser, le pregunto: ¿qué?, ¿a dónde me llevas? La respuesta me llega casi inmediatamente como una ola de ternura que invade mi corazón indicándome que sí, que tengo mi oportunidad, que tenga confianza, que el halo de la vida sigue estando conmigo; que esa sinceridad pura de mi ser, esa humildad de aceptar mi destino y ese valor de viajar espiritualmente a lo desconocido tiene el premio de poder sentirme infinitamente pequeño y grande a la vez. Son instantes de eternidad que me comunican con el origen y el final de los tiempos; momentos sublimes que sobrecogen mi espíritu. Tras la experiencia mística, me avergüenzo un poco de haber llegado a dudar, otra vez, de esta vida que se me ha dado; y tengo la impresión de que, en mi avanzar, el camino se desdibuja tras cada recodo, obligándome a improvisar uno nuevo, como pionero en terrenos inexplorados, golpe a golpe, paso a paso, con el encanto que tiene la aventura y el descubrimiento de terrenos desconocidos; territorios que vuelven a despertar mi motivación por vivir.

 

 

Anido todavía la esperanza,
pese a que trato de eludirla,
de verte en el horizonte,
tras el recodo, a cada paso;
de seguir tu rastro en el camino,
por tus senderos de ensueño,
hacia tus sitios de antaño,
Todavía anido la esperanza,
de bajar aquí las estrellas,
y estar por encima de ellas,
y en una nube mágica,
volar por tu alma,
alimentando mi corazón,
de ilusiones nuevas.

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